LOS OCHO DE AIRBUS Y EL DERECHO A HUELGA

Podemos CM /

Escrito por Elena Sevillano

 

El 27 de enero visité junto a Rafael Mayoral, Ana Marcello y Alberto Rodríguez, nuevos diputados del Congreso; a Óscar Guardingo del Senado y Raquel Huerta, compañera de la Asamblea de Madrid, la sede de AIRBUS. Se trataba de mostrar nuestro apoyo a los ocho sindicalistas, pendientes de juicio, y sobre los que aún pesa la amenaza de 66 años de cárcel, 8 años y 3 meses para cada uno.

Esa amenaza pesa por decisión propia, y lo digo con todas las letras, porque estos sindicalistas tuvieron la opción de ver rebajada su pena a cambio de admitir unas imputaciones que son falsas. Pero eligen sobrellevar el peso de la espada de Damocles, antes de llevar ese peso en su conciencia, antes de mentir acerca de querer hacer daño a sus compañeros y compañeras, antes de permitir que unas acusaciones ejemplarizantes sustituyan una justicia ejemplar.

Desde esa mirada, que hace poner por encima a la colectividad, esa sabiduría que lleva a estos ocho sindicalistas a poner el derecho fundamental de huelga por encima de sí mismos, nos enseñaban la fábrica con orgullo. “La fibra, que es muy agradecida” decían con chanza para explicar las bondades de la fibra de carbono; “Este es mi avión, el más vendido”; “Esto estaba lleno de mujeres antes de la guerra”, comentaban. Orgullosos, nos contaban la historia y nos daban cifras de la cantidad de gente a la que Airbus proporciona trabajo de forma directa e indirecta y orgullosos también de sí mismos porque saben que un trozo de la calidad y dignidad de ese trabajo es obra suya.

Fuimos conociendo los detalles y a ellos más de cerca mientras nos pusimos “al tajo” y planteamos presentar una proposición no de ley para apoyarlos en la Asamblea de Madrid. Valoramos que ya se presentó una en 2014; la cuestión es que aquella necesitaba el apoyo del Partido Popular para salir, y para eso no podía llevar la derogación del articulo 315.3 del código penal. En cambio, con la nueva composición de la cámara, sí se podía sacar lo que nos parecía fundamental, porque este artículo es usado contra los ocho de Airbus encuadrándolos como criminales, además de que es vital en cuanto a la protección del derecho a huelga. Así que nos pusimos a ello.

Una semana después defendí esa propuesta en la Asamblea. A pesar de que aún me cuesta salir a esa tribuna, porque prefiero la calle, las plazas y la gente, esta vez reconozco que la disfruté. Por las veces que no pude hacer huelga, o porque me lo impidió “el patrón” o porque más tarde, en bomberos, siempre me pillaron servicios mínimos, que solían ser de más del 100%. También recordé todos los años de represión con la hoy presidenta, al mando entonces en delegación de gobierno, y sentí de nuevo cómo los momentos más duros se inundan de solidaridad. Es un placer poder participar, ahora desde las instituciones, en la protección de un derecho colectivo, y poder explicar alto y claro algunas de las cosas que reclamaba hasta hace poco detrás de las pancartas.

Y es que la huelga es la última herramienta que utiliza un colectivo, en su intento de resolver un conflicto laboral. A nadie le gusta llegar hasta allí y no es sencillo ni fácil, como sí lo es, en cambio, para el patrón impedir ese derecho. Por eso está protegido como derecho fundamental en la Constitución, y aunque se debía haber desarrollado en una ley orgánica y no se ha hecho, sí figura en el código penal en los puntos 1 y 2 del artículo 315. Pero este artículo tiene un tercer punto que es un corta y pega del artículo 496 del antiguo código penal franquista, que se reformó en 1976 cuando las organizaciones sindicales eran clandestinas y la huelga ilegal, y que inexplicablemente se queda como un apósito en una herida inexistente, en la reforma del código penal de 1995. Este punto nunca debió existir. Todos los delitos penados en él ya lo están en otros artículos del código penal y no protege en absoluto el “derecho al trabajo”, sino todo lo contrario, al utilizarse contra una herramienta legítima que protege la negociación colectiva.

Tampoco me vale la modificación del Partido Popular de 2015 que rebaja las penas, también las del punto 1 y 2 contra los que impiden la huelga, coacciones habituales que pasan desapercibidas y de las que apenas hay actuaciones desde 1995, sobre todo comparadas con la profusa utilización del punto 3.

Sobre lo sucedido aquel día, para mí no hay mucho que discutir, en el sentido de que, si alguien cometió algún delito, debió ser detenido con la acusación correspondiente en el momento y no por estar en la concentración, intentar mediar o ir al médico, que fue como se identificó “aleatoriamente” a los ocho. Eso no es propio de un estado de derecho.

Puntualizo que las fuerzas y cuerpos de seguridad son “herramienta” del estado para proteger los derechos fundamentales y no al revés, y que del mismo modo y con el mismo ímpetu, estaría defendiendo a los policías si fueran los acusados y estuvieran reivindicando su condición de trabajadores, sometidos muchas veces a presiones, injerencias políticas y ordenes absurdas que les ponen a ellos a ellas y al resto en peligro.
Y termino contando que he tenido la suerte de recibir una gran compensación, ya que nada más ser aprobada la propuesta, a pesar de los votos en contra del PP y la abstención de Ciudadanos, fui a saludar a ocho 8 y ante la pregunta de, si se habían sentido arropados, me contestaron: “Como con un edredón nórdico”.

Eso es lo que necesitan ahora, que todos los arropemos en las manifestaciones del día 9 a las 8:30 en la puerta sur de Airbus y el día 11 a las 18:30 en Cibeles. Y también cuando salga la sentencia, que espero sea la absolución, no solo por ellos, si no por la justicia social y la salud democrática de nuestro país.