¿Qué fue del Gobierno de Cifuentes?

Podemos CM /

Escrito por Hugo Martínez Abarca y José Manuel López.
Publicado en Infolibre.
El fin de año ha traído la última dimisión en el grupo parlamentario del PP en la Asamblea de Madrid, concretamente la de uno de sus diputados más conservadores. A ella hay que sumar en la misma semana nuevas acusaciones sobre corrupción y borrado de discos duros contra el diputado Juan Soler, al que Cifuentes eligió para representar al PP en el Senado, como hizo el PPCV con Rita Barberá; la denuncia de contratos fraccionados para evitar el concurso público y garantizar el dedazo, y la prórroga de los presupuestos de 2016.

Ninguno de los cuatro hechos es aislado: la dimisión de Luis Peral es la decimoséptima dimisión en un grupo parlamentario del PP con 48 diputados. Más del 35% del grupo ya ha dimitido y a este ritmo a lo largo de la legislatura puede haber dimitido el 100%. Si a esto se refiere Cristina Cifuentes con «renovación» no se le puede negar que está a un nivel insólito en la política española. Tanto que un observador incauto diría que más bien lo que hay es la descomposición del partido que sostiene al Gobierno y una preocupante falta de proyecto político para Madrid.

La aparición de nuevas acusaciones contra Juan Soler tampoco es un hecho aislado. Ahora mismo en el Grupo Parlamentario Popular convive con la diputada María José Aguado, a la que el juez De la Mata ha solicitado que declare por el fraccionamiento de contratos en Arganda; con el diputado Bartolomé González, al que la Guardia Civil señala por haber cobrado 60.000 euros de la Púnica a cambio de adjudicaciones en Alcalá de Henares; y con Jaime González Taboada, consejero de Medio Ambiente, al que Marjaliza, el cerebro de la Púnica, acusa ante el juez de ser quien «mangoneaba». «Había como una cosa no escrita según la cual un tercio de la obra era para los técnicos, un tercio para Jaime González Taboada con su gente y el último tercio para Paco o la consejería», declaró Marjaliza.

El fraccionamiento de contratos para dejarlos en 11.970 euros (30 menos de lo que impediría adjudicarlos a dedo) sitúa al gobierno de Cifuentes en la mera continuidad con el tipo de gestión de lo público que hacían sus antecesores Esperanza Aguirre e Ignacio González.

Con todo, el mayor obstáculo para el Gobierno hoy no es ni el colapso de su partido ni el chaparrón de casos de corrupción. Desde hace meses ha perdido la mayoría parlamentaria en la Comunidad de Madrid, situación ésta de máxima gravedad que apenas ha tenido impacto público ni siquiera por el insólito origen de la pérdida de la mayoría. Una relevante diputada del PP, la número cuatro de su grupo parlamentario, denuncia acoso laboral por parte del portavoz del grupo y un médico certifica su situación de baja por depresión. Manteniendo la prudencia que exige la gravedad de la acusación, nos imaginamos la repercusión pública que tendría un suceso similar en un ayuntamiento del cambio y la saña con la que lo usaría el PP, dado que todas las semanas usa contra Podemos las mentiras inventadas por el entorno mediático del Ministerio del Interior, tantas veces desmentidas en los juzgados.

Más allá del complejo origen de la pérdida de la mayoría parlamentaria, lo relevante es que Cifuentes carece de toda capacidad de usar su acuerdo con Ciudadanos para legislar como hizo los primeros meses de la legislatura. No podrá aprobar ni una sola ley sin el acuerdo de al menos tres partidos de la Asamblea mientras dure la ausencia de la diputada González-Moñux; y no puede aprobar los presupuestos de 2017. La razón oficial del retraso de los presupuestos es que no se había fijado el techo de gasto. Sin embargo, en la Comunidad Valenciana o Baleares ya están aprobados, lo que desmiente que haya una razón «técnica».

El hecho es que el Gobierno está cuasi paralizado desde el mismo día de su investidura pese a que intentaran fabricar el relato propagandístico de un gobierno hiperactivo. La propaganda es lo único en lo que ha sido eficaz, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo. Es difícil que una sola persona de Madrid recuerde una acción de gobierno; sólo el manoseado abono joven, una medida que todos apoyamos más allá de matices, pero que no justifica una legislatura ni mucho menos el dineral gastado en propaganda sobre el mismo. Hoy ya es un Gobierno impotente sostenido por un grupo parlamentario y un partido colapsados sin proyecto político para Madrid e incapaz de aprobar las escasas medidas que tenga en la cabeza.

Nadie sabe qué fue del Gobierno de Cifuentes. Todo el mundo sabe que no tiene más recorrido y nuestras fuerzas, como siempre, están puestas en recuperar Madrid y cambiarlo con un proyecto de Madrid sólido que huya de las raíces de las tramas y el saqueo.